EL DESPISTADO ALEGRE

 

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Por mucho que nos apliquemos a la entrega de los demás lo único que hacemos es entregar nuestras propias limitaciones. Un ejemplo lo tenemos en la misma Biblia cuando en uno de sus pasajes dice que hay de aquel que va a orar al templo para que le vean y le reconozcan los otros, con eso ya ha recibido todo lo que su Dios le va a dar, reconocimiento.

 Lo mismo ocurre en el mundo real cuando algunos se cuelgan el don innato o quizás adquirido de creerse poseedores de una enseñanza que le ha entrado por los sentidos y que de una manera u otra comercializa implicando en mundos ilusorios buenas voluntades ignorantes.

 ¿Acaso no debemos empezar por nosotros mismos y vaciar el vaso propio renunciando a todo lo renunciable que haya en nuestro interior para llenarlo con lo que realmente nos dé respuestas que pacifiquen nuestro mortal cuerpo y nuestra limitada mente?

 Mi propuesta es como ya he explicado la ataraxia en solitario sin molestar ni llamar a puertas que no sabemos a dónde llevan. Nuestro Yo, ese que es inmortal, nos está esperando tranquilamente para contarnos lo que no sabemos sin necesidad de renunciar a nada material porque al fin y al cabo lo material para él no existe.

 Si nos referenciamos una vez más a la Biblia el pasaje de la renuncia de uno mismo que el principio cristico responde al joven que le solicita seguirle no tiene interpretación humana material a la usanza de dejarlo todo por un ideal. No renunciaré a mis propiedades prescindibles si además eso me sirve para conocerme mejor a mi mismo sin necesidad de pasar por ventanillas ajenas. La renuncia a lo material no es la iniciación ni el principio de un conocimiento cósmico, es más bien la postura propia de un despistado alegre.

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